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Restos de la torre de Malamoneda.

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Entrada y muro principal del castillo.

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Necrópolis. Tumbas antropomorfas excavadas en la piedra.

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Vista de la torre y poblado de Malamoneda.

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El yacimiento de Malamoneda está compuesto fundamentalmente de un hábitat, necrópolis y estructuras militares correspondientes a las etapas hispanorromana, visigoda, musulmana, alto y bajo medievales cristianas, así como un despoblado desde finales del siglo XVI hasta el siglo XX donde aparece denominado como Malamonedilla.

Por otra parte se documenta la existencia de restos dispersos de industria lítica de carácter paleolítico sobre cuarcita, relacionado tanto con los depósitos del río Cedena como del Arroyo de Malamoneda.

El paraje, poblamiento y topónimo aparece citado en multitud de fuentes históricas cristianas (pese a tener un claro origen anterior romano) desde la repoblación de los montes por mozárabes durante los momentos cercanos a Alfonso VII de León, o la fortificación templaria de la comarca desde Montalbán, segregándose en 1210 puesto que Alfonso VIII de Castilla dona a Alfonso Téllez de Meneses las aldeas y castillos, entre otros el castillo de Malamoneda, y éste a su vez, en 1222 al arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, que trueca el cabildo en 1243. Con Fernando III de Castilla este territorio realengo pasa por compra al Ayuntamiento de Toledo en 1246, con núcleos poblacionales como el de «Mala Moneda».

Asimismo en las propias Relaciones topográficas de Felipe II se cita la fundación de Hontanar hacia 1376, fruto posiblemente del despoblamiento de su anejo Malamoneda, citando aún en éste tanto vecinos, como una Torre y un Castillo prácticamente arrasado. También resulta citado en las descripciones de 1576 y 1587 con existencia de vecinos, siendo las últimas citas demográficas sobre este despoblado que aparece como labranzas durante el siglo XIX, o la casa de campo de Malamonedilla en 1930.

Recursos

El yacimiento conserva estructuras inmuebles de gran importancia arqueológica, monumental e incluso artística como son:

La existencia de al menos dos epígrafes funerarios votivos de tipo romano, con inscripciones de sus oferentes, insculpidos en un bolo granítico.

La presencia de un torreón seccionado como matacanes de cronología medieval entre los siglos XII y XIV, a la cual pertenece una reconstrucción superior, unido a todo el despoblado que aún se conserva en forma de granja.

Un edificio cuadrangular de tipo militarizado-industrial con aspilleras en su planta baja y un posible segundo piso, con restos de una puerta de acceso lateralizada cuyos elementos principales han sido substraídos y cuya cronología aún siendo de carácter histórico resulta por el momento difusa.

La gran profusión y dispersión de una necrópolis rupestre que puede tener como origen una posible cronología romana asociada a las estelas funerarias, continuando hasta etapas medievales, en forma de tumbas individualizadas excavadas sobre las masas y bolos de granito y que se documentan a lo largo de toda la mitad norte del yacimiento.

Asimismo existen multitud de evidencias inmuebles pertenecientes al desarrollo del despoblado (con presencia de una posible iglesia‑ermita de Malamoneda desde 1526 o de Nuestra Señora de Gracia), que reutilizan elementos anteriores incorporados en sus paramentos murales, así como también multitud de restos arqueológicos de tipo mueble dispersos por las parcelas descritas tanto en el objeto como en el área de protección.

Castillo de Malamoneda

El castillo de Malamoneda fue construido en el siglo XIII, sirviendo junto a la torre de Malamoneda de fortaleza y refugio de los pobladores de Malamoneda, cuyas casas aún subsisten pero están deshabitadas.

Este paraje fue reconquistado en el siglo XII, aunque ya debió estar poblado siglos antes, ya que se encontraron en la zona restos de construcciones romanas y existen pruebas de restos de la Edad del Bronce.

El territorio en el que se encuentra el castillo de Malamoneda fue repoblado por el caballero Alfonso Téllez, quien en 1210 recibía de Alfonso VIII este lugar. En 1226 lo vendió al arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, junto con el castillo de Dos Hermanas y otras aldeas de los Montes, pobladas por el mismo luchador. El castillo pasa a ser propiedad de la corona bajo el reinado de Fernando III el Santo. En 1246 compró todos los Montes que llevaban su nombre por 45.000 maravedís de oro, siendo ya de la ciudad hasta la desamortización civil del siglo XIX.

También se sabe que estuvo en manos de la Orden del Temple.

Es un edificio rectangular, sin torres, ventanas ni saledizo alguno, con muros de 1,50 metros de espesor. Su única puerta es pequeña y de medio punto. El interior está vacío y no se conserva ningún resto de construcción alguna, observándose mechinales en la muralla para algún forjado de vigas. En el exterior había un contramuro de hormigón más antiguo que el castillo, resto probablemente de obra romana y que fue demolido adrede hace pocos años.

En uno de los ángulos de la torre de vigilancia había un sillar con inscripciones que hoy se encuentra en el Museo de Santa Cruz de Toledo. Esta piedra no era otra cosa que una "estela funeraria" erigida en memoria de un rico comerciante extremeño que falleció por estos parajes y que está escrita en latín.

Torre de Malamoneda

La torre de Malamoneda fue construida en el siglo XIII, y junto con el castillo de Malamoneda, fue fortaleza y refugio de los pobladores de Malamoneda, cuyas casas subsisten aún pero están deshabitadas.

Este paraje fue reconquistado en el siglo XII, aunque ya debió estar poblado siglos antes, ya que se encontraron en la zona restos de construcciones romanas y existen pruebas de restos de la Edad del Bronce.

El territorio en el que se encuentra la torre de Malamoneda fue repoblado por el caballero Alfonso Téllez, quien en 1210 recibía de Alfonso VIII este lugar. En 1226 lo vendió al arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada, junto con el castillo de Dos Hermanas y otras aldeas de los Montes, pobladas por el mismo luchador. La torre pasa a ser propiedad de la corona bajo el reinado de Fernando III el Santo. En 1246 compró todos los Montes que llevaban su nombre por 45.000 maravedís de oro, siendo ya de la ciudad hasta la desamortización civil del siglo XIX.

Las casas de labor del pueblo cercano están abandonadas, la necrópolis situada al norte y oeste del despoblado que ocupa un área de 1 kilómetro contiene más de 100 sepulcros tallados en la roca y una ermita que estuvo ocupada por la Orden de San Jerónimo hasta el siglo XIX.

También se sabe que estuvo en manos de la Orden del Temple.

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